Vive y trabaja en las montañas a las afueras de la Ciudad de México, donde la observación se vuelve método y el territorio, materia. Su práctica artística, que consiste en pintura, dibujo y escultura en madera, construye un lenguaje íntimo y expansivo, donde los motivos orgánicos se desplazan entre lo figurativo y lo abstracto. Una mirada arraigada al paisaje, al gesto manual y a los ciclos que rigen lo vivo.