EL ARTE ES EL PROCESO
No comienza en el lienzo.
No termina en la botella.
El arte no aparece al final del camino.
Está presente en cada decisión que lo hace posible.
En la selección de los agaves.
En el tiempo que no se acelera.
En las manos que transforman materia en carácter.
Por eso, en Reserva de la Familia, el arte mexicano interpreta el proceso.
Cada una de nuestras ediciones es una forma de observar lo mismo desde otra mirada.
Una lectura distinta de un mismo origen.
Una manera de entender que el verdadero lujo se construye.
TEQUILAS DE COLECCIÓN QUE SE CONSTRUYEN EN CONTINUIDAD
Desde 1995, cada tequila de edición especial de Reserva de la Familia® forma parte de una misma conversación.
Cada caja, cada intervención, cada artista, se suma a un archivo que crece con los años y que hoy define una de las expresiones más sólidas dentro de los tequilas de colección.
2026
Alejandra Venegas
El proceso como relectura contemporánea
La mirada se acerca al territorio para habitarlo.
A través de gestos, ciclos y observación, la obra construye un lenguaje donde el paisaje de Tequila es origen: un espacio en constante transformación.
Las piezas que conforman la colección (Albor, Surcos Espina, Lumbres y Jima de Lunas) proponen distintas formas de leer ese proceso: desde lo onírico hasta lo botánico, desde el recorrido físico hasta los ciclos que no se ven, pero se repiten. Aquí, el proceso se percibe. En el paso del tiempo, en la variación de la luz, en aquello que cambia sin dejar de ser lo mismo.
2025
La mirada se desplaza hacia los símbolos.
Tomando como punto de partida la figura del charro, uno de los imaginarios más arraigados en la cultura mexicana, la obra propone una reinterpretación donde la identidad deja de ser fija y se vuelve performativa. Los códigos son claros. También lo son sus límites. En un universo donde ciertos colores han sido históricamente excluidos, la incorporación de tonos considerados “prohibidos” abre una nueva lectura: más libre, más ambigua, más contemporánea.
Ana Pellicer
El proceso como un paisaje con transparencias
La mirada se vuelve más sutil.
A través de transparencias, veladuras y capas de color, la obra propone una lectura donde el paisaje agavero se descompone en luz, en aire puro, en cielos limpios. El amarillo mostaza, el rojo sangre y tonos impertinentes traducen el paisaje agavero como producto de la tradición y el esfuerzo.
Abraham Cruz Villegas
El proceso como energía y materia
La mirada se vuelve física.
Herramientas, cuerpo, tierra. Acción. La obra pone en primer plano la dimensión más tangible del proceso: la transformación de la materia a través del trabajo. No hay idealización. Hay contacto. El agave es cortado, manipulado, transformado. Y en ese gesto repetido a lo largo de generaciones, se construye algo que trasciende lo visible.
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